Los PWS10 fueron el resultado de una de las pocas incursiones en el mercado internacional de armas que hicieron los nacionalistas. El vendedor era Polonia, país católico y con un gobierno autoritario por aquellas fechas, por lo que acogió con cordialidad a los enviados de los militares alzados.
15 aparatos llegaron a España en otoño de 1936, pero con la llegada en masa de material aéreo mucho más mortífero de Alemania e Italia, su papel en el ecosistema aéreo nacional, tras algún ensayo de usarlos como cazas, se limitó a servir en las escuelas de entrenamiento de pilotos.