La gran decisión acerca del nuevo caza moderno que necesitaba el prestigio militar español se tomó en la primera mitad de la década de 1980 en paralelo a la decisión, con referéndum incluido, de integrar España en la OTAN.
El ganador fue el McDonnell Douglas F-18 Hornet. A diferencia de los aviones norteamericanos recibidos durante la dictadura franquista, que eran préstamos, regalos y en todo caso no demasiado caros, la joven democracia española tuvo que pagar una enorme cantidad de dinero por las 70 unidades encargadas al fabricante.