La máquina de la civilización
Hawker Hardy
Gobierno aéreo de Iraq, Real Fuerza Aérea británica, 1936

En Irak, el desprecio por la acción política en favor de una acción militar “barata” llegó hasta tal punto que el 1 de octubre de 1922 la RAF asumió oficialmente el control del país. El futuro mariscal Harris, que sería el jefe del Mando de Bombardeo británico durante la Segunda Guerra Mundial, estaba allí aprendiendo el oficio.

En sus memorias, describe así la rutina del control aéreo de “tribus guerreras y turbulentas”: “En cuanto una tribu iniciaba una revuelta, advertíamos, por medio de altavoces instalados en nuestros aviones, volando a poca altitud, y lanzando octavillas en todas las aldeas importantes, que empezaríamos a actuar, si antes no se restablecía la tranquilidad y el orden, en el plazo de cuarenta y ocho horas.

Si la rebelión continuaba, destruíamos las aldeas y obligábamos a los insurgentes, mediante patrullas aéreas, a permenecer lejos de sus casas todo el tiempo necesario para decidirles a la rendición, cosa que, invariablemente, terminaban haciendo.” Los aviadores, bien lejos del modelo Lawrence de Arabia, no veían en el país de las mil y una noches más que “clima espantoso”, “alimentación inmunda” y “falta total de toda distracción”.

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