El 19 de abril de 1982, unos cuantos millares de falangistas se manifestaron en Madrid coreando la consigna "Malvinas, Argentinas". Justo encima de Raimundo Fernández-Cuesta, el último jefe histórico del fascismo español, una gran pancarta exigía un "¡¡Gibraltar Español!". Los manifestantes llegaron al bufete de Adolfo Suárez (1), su bestia negra, e insultaron al gobierno por no ocupar manu militari The Rock, siguiendo el ejemplo argentino con las Falklands.
Los británicos no solo hicieron caso omiso, sino que trasladaron a Gibraltar uno de los aviones que había participado en el conflicto, un bombardero estratégico Vulcan como los que habían bombardeado Port Stanley algunos meses atrás. La impresionante máquina fue instalada a pocos metros de la verja de separación entre Gibraltar y España, en un lugar bien destacado del camino de entrada al Peñón. Permaneció allí varios años como símbolo y recordatorio del poder imperial británico frente a cualquier veleidad nacionalista española.
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(1) ABC, 20-4-1982